AUTOMEDICACIÓN

La automedicación es la utilización de medicamentos por iniciativa propia sin ninguna intervención por parte del médico (ni en el diagnóstico de la enfermedad, ni en la prescripción o supervisión del tratamiento).


Existen medicamentos, llamados EFP (Especialidad Farmacéutica Publicitaria), que pueden adquirirse sin receta médica y que por tanto pueden utilizarse para el tratamiento de síntomas menores, sin necesidad de prescripción médica. Aun así, es conveniente el consejo farmacéutico para propiciar un consumo responsable de los mismos. Entre estos medicamentos podemos encontrar:

  • Analgésicos y antiinflamatorios
  • Suplementos vitamínicos
  • Antigripales y antitusígenos
  • Lubricantes oculares
  • Medicamentos para tratar síntomas digestivos (antiácidos, antiflatulentos etc.)


No se debe olvidar que aun así, estos fármacos deben utilizarse con precaución, especialmente en niños, personas mayores o pacientes polimedicados. Por ello, ante cualquier duda, se debe consultar con el médico, farmacéutico o DUE.
La automedicación con medicamentos que precisan receta está totalmente desaconsejada y requiere siempre de la intervención previa de un médico, ya que entraña riesgos para la salud como interacciones, alergias, sobredosificaciones, duplicidades, resistencia a antibióticos etc.

Un caso concreto podría ser la automedicación con antibióticos, que en los últimos tiempos ha suscitado alarmas debido al aumento de las resistencias a los mismos, es decir, que una mala utilización puede suponer que el antibiótico deje de ser efectivo. Por ello, es fundamental seguir la pauta prescrita por el médico, tanto en la dosis como en la duración del tratamiento.