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dijous, 01 d'octubre, 2026
Menos sal, más sabor: un cambio cotidiano para cuidar el corazón
Reducir la sal no consiste solo en usar menos el salero. Revisar etiquetas y cambiar algunos productos habituales también puede ayudar a disminuir su consumo.
Cuando pensamos en tomar menos sal, el primer gesto suele ser apartar el salero. Es un buen comienzo, pero no el único: salsas, platos preparados y otros alimentos procesados también pueden aportar sodio a la dieta, aunque no siempre nos parezcan especialmente salados.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda a las personas adultas consumir menos de 5 gramos de sal al día, contando la que se añade al cocinar y la que ya contienen los alimentos. Una ingesta elevada de sodio se asocia con una mayor presión arterial, un factor de riesgo cardiovascular.
Tres decisiones útiles al comprar y cocinar
Comparar productos similares es un primer paso: la información nutricional de la etiqueta permite elegir, cuando sea posible, la opción con menos sal o sodio. También conviene prestar atención a las salsas y a los productos listos para consumir, porque pueden contribuir al total diario.
En la cocina, prueba a dar sabor con hierbas aromáticas, especias, ajo o limón y a reducir poco a poco la sal añadida. Elegir con más frecuencia alimentos frescos o mínimamente procesados ofrece, además, mayor control sobre la cantidad utilizada en cada plato.
Cuidar el corazón va más allá de la sal
Reducir el exceso de sal es una medida útil, pero no sustituye otros cuidados. Mantenerse físicamente activo, evitar el tabaco y seguir los controles de salud indicados también forman parte de la prevención cardiovascular. Si tienes hipertensión, una enfermedad renal o indicaciones dietéticas específicas, consulta con tu equipo sanitario antes de hacer cambios importantes en tu alimentación.

